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Legumbres 5 min de lectura

Bicarbonato en el remojo de las legumbres: para qué sirve y cuánto usar

Imagen provisional del blog de El Mercado de Origen

El bicarbonato aparece en muchas recetas tradicionales de garbanzos y alubias como un pequeño “truco” para que las legumbres queden tiernas. No es magia: al elevar el pH del agua, modifica las estructuras vegetales de la piel y del interior y puede favorecer un ablandamiento más rápido. El problema llega cuando se interpreta que, si un poco ayuda, mucho ayudará más. El exceso puede dejar una textura pastosa, pieles demasiado rotas y un sabor alcalino poco agradable.

Usado con moderación, el bicarbonato puede ser útil sobre todo con legumbres secas antiguas, aguas duras o preparaciones en las que buscamos una textura especialmente cremosa, como hummus. Pero no es obligatorio para cocinar buenas legumbres.

Qué hace realmente el bicarbonato

Las paredes celulares de las legumbres contienen sustancias estructurales que ayudan a mantener su forma. Un medio ligeramente alcalino facilita que parte de esas estructuras se debiliten durante el remojo y la cocción. En la práctica, el garbanzo o la alubia puede hidratarse y ablandarse con mayor facilidad.

Esto explica por qué el bicarbonato suele ser más eficaz que simplemente prolongar el tiempo de cocción cuando el problema es un agua muy rica en calcio y magnesio o una legumbre que lleva demasiado tiempo almacenada.

¿Hay que poner bicarbonato siempre?

No. Una legumbre de buena calidad, relativamente reciente, bien remojada y cocinada con agua adecuada puede quedar tierna sin bicarbonato. De hecho, para platos donde interesa que el grano mantenga una forma impecable, muchas personas prefieren no utilizarlo.

Conviene verlo como una herramienta, no como un ingrediente imprescindible. Si tus garbanzos quedan bien con tu método habitual, no hay ninguna necesidad culinaria de cambiarlo.

Cuánto bicarbonato usar

Para uso doméstico, lo importante es trabajar con cantidades pequeñas. Una referencia práctica es alrededor de media cucharadita por litro de agua de remojo. No hace falta convertir el agua en una solución fuertemente alcalina. Si utilizas una cantidad mucho mayor, aumentas el riesgo de que la piel se deteriore demasiado y de que aparezca un gusto jabonoso.

Cuando se busca una textura muy cremosa, puede emplearse también una pequeña cantidad en el agua de cocción, pero no conviene sumar bicarbonato sin control en remojo y cocción. Empieza por la intervención más suave y evalúa el resultado.

¿Se pone en el remojo o en la cocción?

Las dos opciones existen, pero producen efectos algo distintos. Añadirlo al remojo permite que el cambio de pH actúe mientras la legumbre se hidrata. Después se escurre y se enjuaga antes de cocer. Añadir una pequeña cantidad a la cocción intensifica el ablandamiento durante el calor y puede ser útil para conseguir garbanzos muy tiernos.

Para una cocina cotidiana, el remojo suele ser la opción más fácil de controlar. Si al final de la cocción el grano sigue duro, antes de añadir más bicarbonato conviene revisar otras causas: edad de la legumbre, dureza del agua, ingredientes ácidos añadidos demasiado pronto o una cocción insuficiente.

Por qué el exceso deja sabor raro

El bicarbonato es alcalino. En dosis altas puede dejar una sensación jabonosa, mineral o ligeramente amarga que tapa el sabor natural de la legumbre. También puede favorecer una degradación demasiado rápida de la superficie: el interior queda blando, pero el exterior pierde estructura y el agua de cocción se vuelve muy espesa.

El objetivo no es que el grano se deshaga cuanto antes, sino conseguir la textura que necesita el plato.

Garbanzos para hummus: un caso donde puede tener sentido

En hummus buscamos una crema fina y sedosa, no garbanzos que mantengan una piel perfecta. Por eso el bicarbonato tiene especial sentido: ayuda a ablandar la piel y facilita un triturado más uniforme. Aun así, sigue siendo mejor una dosis pequeña y una cocción completa que confiar en una cantidad excesiva.

Alubias enteras para un guiso: quizá no lo necesitas

En una fabada, unas judías estofadas o una ensalada de alubias, la integridad del grano importa más. Si la legumbre ya es tierna y de buena calidad, un agua demasiado alcalina puede acelerar la rotura de pieles. En este tipo de receta suele interesar una cocción suave, sin borbotones violentos, y añadir los ingredientes ácidos cuando la legumbre ya está casi tierna.

¿Y las lentejas?

Muchas lentejas, especialmente las pequeñas, no necesitan remojo. Como ya tienen tiempos de cocción mucho menores que garbanzos o alubias, el bicarbonato rara vez es imprescindible. Si tienes dudas sobre el remojo, consulta nuestra guía sobre si hay que poner las lentejas en remojo.

El bicarbonato no arregla una legumbre estropeada

Puede ayudar con granos antiguos y duros, pero no revierte defectos de conservación. Si hay insectos, humedad, moho, olores anómalos o daños evidentes, el problema no es de cocción. En nuestra guía sobre cómo conservar legumbres secas explicamos qué señales revisar.

Un método sencillo

  1. Selecciona y enjuaga las legumbres.
  2. Cúbrelas con abundante agua.
  3. Si decides usar bicarbonato, añade una cantidad pequeña, aproximadamente media cucharadita por litro.
  4. Deja el remojo el tiempo adecuado para esa legumbre.
  5. Escurre y enjuaga antes de cocinar.
  6. Prueba la textura durante la cocción y evita compensar con más bicarbonato sin necesidad.

Conclusión

El bicarbonato sí puede ayudar a ablandar legumbres, especialmente garbanzos o alubias difíciles, pero funciona mejor como ajuste fino que como solución universal. Una dosis pequeña puede reducir la resistencia de la piel; una dosis excesiva puede convertir una buena legumbre en una pasta con sabor alcalino. Empieza siempre por poco.

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