Selección cuidada de productores Compra segura y transparente Envíos preparados con cuidado
Tel: 603 02 95 09
Guías y consejos 8 min de lectura

Patatas verdes o con brotes: cuándo se pueden comer y cuándo hay que descartarlas

Imagen provisional del blog de El Mercado de Origen

Una patata olvidada en la despensa puede aparecer con brotes, ojos más marcados o zonas verdes. A veces basta con retirar una parte; otras veces lo prudente es desecharla. La dificultad está en que “verde” y “brotada” suelen meterse en el mismo saco aunque no describen exactamente el mismo problema.

Las patatas contienen de forma natural glicoalcaloides, principalmente alfa-solanina y alfa-chaconina. Son compuestos defensivos de la planta. Su concentración puede aumentar especialmente en los brotes, los ojos, la piel y las zonas verdes o dañadas. Por eso el estado de la patata importa más que una regla simplista del tipo “si tiene un brote, tírala”.

Respuesta rápida

Una patata firme, sin sabor amargo, con uno o dos brotes pequeños y sin un verde importante puede aprovecharse retirando generosamente brotes, ojos y cualquier zona verde y pelándola cuando sea necesario. En cambio, una patata muy verde, fuertemente brotada, arrugada, dañada o amarga es mejor descartarla.

La recomendación es especialmente conservadora cuando la patata va a ser consumida por niños pequeños, porque una misma cantidad de glicoalcaloides supone una dosis mayor por kilogramo de peso corporal.

¿Por qué una patata se pone verde?

El color verde procede de la clorofila, que aparece cuando el tubérculo ha estado expuesto a la luz. La clorofila en sí no es el principal problema. Lo importante es que el reverdecimiento suele ir acompañado de condiciones que también pueden favorecer un aumento de glicoalcaloides.

Por eso el verde funciona como una señal visual de advertencia. No permite medir cuánta solanina contiene la patata, pero sí indica que conviene valorar la pieza con más cuidado.

¿Qué son la solanina y la chaconina?

Son glicoalcaloides naturales de las solanáceas. En la patata se concentran especialmente cerca de la piel, en los ojos y en los brotes. En niveles elevados pueden provocar síntomas gastrointestinales como náuseas, vómitos, dolor abdominal o diarrea.

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria ha evaluado este riesgo y confirma que el contenido puede reducirse parcialmente mediante pelado y determinados procesos de cocción, pero cocinar no convierte una patata muy verde o fuertemente brotada en una buena elección.

Patata con un brote pequeño: qué hacer

Si la patata sigue firme, tiene buen aspecto general y presenta uno o dos brotes pequeños, puede retirarse el brote junto con una porción generosa de tejido alrededor del ojo. Si existe alguna pequeña zona verde, elimínala también de forma amplia.

Después valora el resto de la pieza. Si está firme, sin olor extraño y sin sabor amargo, puede utilizarse. La clave está en no limitarse a arrancar la puntita visible del brote: la zona del ojo también merece retirarse.

Patata con muchos brotes largos: mejor descartar

Cuando hay numerosos brotes, son largos y la patata está arrugada o blanda, el tubérculo ya ha utilizado parte de sus reservas para germinar y su calidad culinaria ha caído. Además, los brotes concentran glicoalcaloides.

En ese estado no compensa intentar “rescatar” media patata a base de recortes. Es más sensato desecharla y revisar cómo se están almacenando las demás.

Patata ligeramente verde vs patata muy verde

Una pequeña mancha superficial puede eliminarse generosamente. Si el verde se extiende por una gran parte de la superficie, penetra bajo la piel o la patata presenta además brotes y sabor amargo, la recomendación cambia: descártala.

No existe en una cocina doméstica una forma visual de saber la concentración exacta de glicoalcaloides. Por eso el principio de prudencia es importante cuando las señales son intensas.

El sabor amargo es una señal importante

Una patata con un sabor claramente amargo o una sensación de quemazón en la boca no debería comerse. No intentes corregirla con sal, salsas o fritura. Ese amargor puede asociarse a concentraciones elevadas de glicoalcaloides.

Si al probar un pequeño bocado cocinado detectas ese sabor anormal, deja de consumir el plato.

¿Pelar la patata elimina la solanina?

El pelado puede reducir de forma importante el contenido de glicoalcaloides porque una parte considerable se concentra en la piel y en las capas externas. EFSA ha señalado reducciones relevantes con el pelado. Aun así, no es una garantía absoluta para una patata muy verde, dañada o fuertemente germinada.

En patatas frescas, intactas y bien conservadas, la piel puede consumirse si se limpia adecuadamente. Pero cuando existe reverdecimiento o brotación, pelar y retirar generosamente las zonas afectadas es una medida de reducción de riesgo, no un permiso para aprovechar cualquier pieza.

¿Hervir o freír destruye los glicoalcaloides?

Los distintos métodos de cocción pueden reducir parte del contenido, especialmente cuando se combinan con el pelado. Sin embargo, los glicoalcaloides son relativamente resistentes y no conviene confiar en el calor como única solución.

La decisión debe tomarse antes de cocinar: si la patata está muy verde, amarga o fuertemente brotada, no merece la pena intentar salvarla mediante una cocción más intensa.

¿Qué pasa con el agua de cocción?

Parte de los glicoalcaloides puede pasar al agua durante el hervido. Por prudencia, cuando se cuecen patatas que han requerido retirar ojos o pequeñas zonas problemáticas, no conviene reutilizar ese agua para sopas o salsas.

¿Las patatas con brotes son venenosas siempre?

No. La presencia de un pequeño brote aislado no significa que toda la patata se haya convertido automáticamente en un alimento peligroso. El riesgo depende del conjunto: cantidad de brotes, extensión del verde, estado del tubérculo, daño, amargor y cantidad consumida.

La regla útil es gradual: pequeño defecto localizado, retirar ampliamente; señales extensas o intensas, descartar.

Qué hacer con las patatas para niños

Con niños pequeños conviene ser más estricto: usa patatas frescas, firmes y sin zonas verdes, pélalas cuando corresponda y evita piezas viejas o muy brotadas. EFSA ha señalado que los niños pequeños pueden alcanzar una exposición relevante con cantidades que, en relación con su peso corporal, son mayores que para un adulto.

Cómo almacenar patatas para evitar que se pongan verdes

La prevención es sencilla: oscuridad, ambiente fresco, seco y ventilado. La luz favorece el reverdecimiento y una temperatura demasiado alta acelera la brotación.

  • Guárdalas fuera de la luz directa.
  • No uses bolsas de plástico cerradas que acumulen humedad.
  • Revisa el lote y retira patatas dañadas antes de que empeoren.
  • Compra cantidades acordes con tu consumo real.
  • No las dejes durante días en una cesta iluminada de la cocina.

También conviene recordar que la nevera doméstica no siempre es el lugar ideal para una patata destinada a determinados usos culinarios, porque el frío intenso puede transformar parte del almidón en azúcares y cambiar su comportamiento al freír.

¿Se pueden plantar las patatas brotadas?

Desde un punto de vista botánico, un tubérculo brotado puede seguir creciendo, pero las patatas de consumo no siempre son la mejor semilla para un huerto y pueden introducir enfermedades. Si quieres cultivar patatas, es preferible utilizar material de siembra adecuado.

¿Qué diferencia hay entre un ojo de la patata y un brote?

Los llamados ojos son yemas naturales del tubérculo de las que pueden nacer nuevos tallos. Una patata recién comprada puede mostrar ojos sin haber desarrollado todavía brotes largos. Cuando esos ojos empiezan a crecer, la patata está utilizando sus reservas y la concentración de glicoalcaloides es especialmente relevante en el tejido del brote y alrededor de esas zonas. Por eso, cuando una patata todavía es firme y solo presenta un desarrollo incipiente, no basta con romper el brote con los dedos: conviene cortar también el ojo y una porción generosa de tejido circundante.

Esta distinción también ayuda a no desperdiciar patatas perfectamente normales. Tener ojos no es un defecto en sí mismo; todas las patatas los tienen. Lo que importa es si han comenzado a brotar de forma acusada y qué otras señales acompañan ese proceso.

Checklist: ¿me la como o la tiro?

Estado Qué hacer
Firme, sin verde, sin brotes Uso normal
Uno o dos brotes pequeños, patata firme Retirar ampliamente brotes y ojos; valorar el resto
Pequeña zona verde localizada Eliminar generosamente y pelar
Gran superficie verde Descartar
Muchos brotes largos y patata arrugada Descartar
Sabor amargo o sensación de quemazón No consumir
Daño, podredumbre u olor anormal Descartar

La diferencia entre “fea” y “no recomendable”

Una patata irregular, con tierra o con una pequeña cicatriz superficial puede ser perfectamente apta. El aspecto estético no es lo mismo que una señal relacionada con glicoalcaloides o deterioro.

Aprender a separar ambas cosas evita desperdicio innecesario: no hay que tirar una patata por no ser bonita, pero tampoco conviene aprovechar una pieza muy verde o amarga solo por evitar desperdicio.

Conclusión

Las patatas verdes y brotadas no se resuelven con un sí o un no universal. Un pequeño brote o una zona verde localizada pueden retirarse generosamente si la patata sigue firme y normal; una patata muy verde, muy brotada, vieja, dañada o amarga debe descartarse.

La mejor estrategia es prevenir: guarda las patatas en oscuridad, en un lugar fresco, seco y ventilado, compra cantidades razonables y revísalas de vez en cuando. Así conservarás mejor su calidad y tendrás muchas menos dudas delante de la tabla de cortar.

Hortalizas y verduras de temporada

Carrito de la compra

10

Subtotal: 252,22

Ver carritoFinalizar compra